viernes, 8 de mayo de 2009

Una falsa antinomia ¿kirnerista o anti patria? de Nicolas Alessio

El riesgo de simplificar la realidad

Una falsa antinomia ¿kirnerista o anti patria?

Por Nicolás Alessio

¿Es tan real que en las elecciones del 28 se ponen solamente en juego dos proyectos, dos modelos de país, dos concepciones ideológicas, dos miradas de la historia? ¿En tan sencillo decir que de un lado están los que apoyarán un proyecto nacional y popular, de liberación y justicia social, y del otro lado están los que apoyarán un modelo liberal, oligárquico y de privilegios para unos pocos? ¿Es razonable plantear que “todo” el marco opositor quiere volver a los 90, cuando en realidad, en el mundo, ya no se puede volver a los 90? ¿Se puede pensar y analizar esta coyuntura electoral en categorías tan cerradas, tan absolutas, tan duras, que no dan lugar a matices, a tonos diferentes?

Podemos acordar que en ciertos distritos, localidades o provincias, tal vez sea cierto, no hay demasiados claroscuros, pero eso no quiere decir que en todo el territorio del país sea tan así. Es indudable que desde el oficialismo se alienta esta posición y que muchos de sus candidatos la repiten sin cesar. Nos recuerda a aquello de “Alfonsín o dictadura”, “Menem o el caos”. Lo dijo Néstor Kirchner, “o ganamos o volvemos al 2001”. También es cierto que notables y prestigiosos compañeros y compañeras piensan de manera similar. La segunda Carta Abierta Córdoba (leída el Lunes 27 de Abril) expresa acabadamente esta postura. Aceptan ciertas observaciones al “kirnerismo”, pero dicen que hay que votar a sus candidatos. ¿No hay otra, ninguna otra, posibilidad?

Si esto fuera tan nítido, tan claro, tan meridiano, entonces hay que reconocer la ceguera o la incapacidad de miles y miles de argentinos que, por el contrario, no solo no quieren quedar encerrados en una antinomia simplista, sino que apuestan a un voto crítico capaz de ir construyendo una alternativa. Una alternativa, digámoslo por las dudas, “por izquierda”.

Si la realidad es bien o mal, liberación o dependencia, patria o traidores… se corre el grave riesgo del fanatismo, del dogmatismo, e incluso en el absurdo de justificar lo injustificable, con tal de defender a “los buenos”. Por ejemplo ¿cómo justificar o pretender legitimar la propuesta del “candidato testimonial”? Para dar “testimonio” a favor de tal o cual, no hace falta encabezar una lista de candidatos proponiéndose para una tarea que no se va a desempeñar ni asumir. Es cierto que el elector puede elegir o no la lista testimonial, pero no es menos cierto que en vastos sectores populares se presta a confusión. No deja de ser una “trampita” electoral que solo demuestra el temor de perder. Algo similar fue el adelanto de la fecha de las elecciones. Y, sin embargo, muchos, con malabares verbales, han intentado dar razón de la sin razón.

Por el contrario, ¿por qué no pensar, incluso, que un voto crítico de la actual gestión de gobierno, ayudaría a corregir errores, a profundizar aciertos, a avanzar más en medidas populares, a clarificar equívocos? Votar, es también una manera de advertir. Votar a los mismos, es una manera de avalar.

No somos ingenuos, el “enemigo” es muy poderoso, pero la manera de enfrentarlo no es escondiendo bajo la alfombra las graves contradicciones y ambigüedades del gobierno o disimularlas hasta el paroxismo. Al contrario, esa actitud es pasto para las fieras y un grave error político. Es cierto que en la lucha por el poder hay que tragarse algunos sapos, pero, por ejemplo ¿hubiéramos justificado votar en Catamarca al oficialismo junto a Saadi y Barrionuevo para defender el proyecto popular? O ahora, en Córdoba, ¿que los candidatos se “arreglen” en Buenos Aires, con Jaime o un De Vido, armando las listas?

Hay que superar una dialéctica cerrada, que no permite asumir la complejidad de lo real. Nosotros, para no perdernos en laberintos analíticos y sofismas forzados, queremos situarnos y ponernos al lado de los empobrecidos. Un lugar que define desde donde queremos hablar y actuar. Por eso, no podemos dejar de decir que la pobreza a fines de 2008 alcanzaba al 30% de la población, o sea, la existencia de aproximadamente 2,2 millones de hogares argentinos que estarían actualmente en situación de pobreza (cfr. Informe UCA, Buenos Aires, 30 Mar. 09). Esta pobreza es ahora aún mayor.

Si sabemos que hay recursos para superar esta situación ¿no vale la pena acaso que en estas elecciones expresemos, entre otros descontentos e insatisfacciones, este escándalo tremendo y violento? Y por eso ¿estaremos del lado de los anti patria?

Estamos en momentos complejos y por eso creativos de la vida política argentina, no es tiempo para descalificaciones mutuas, para chicanas baratas o de las otras, ni para estigmatizarnos. Respetamos a los que quieran votar a favor del gobierno kirnerista como la única opción, no los acusamos de vende patrias, pero debemos advertirles que si encierran la realidad entre dos y solo dos opciones, no les quedará otra que tratarnos, a los que pensamos, sentimos y votamos distinto, como si fuéramos enemigos. Lo que aumentará la confrontación estéril, endureciendo discursos entre los que estamos en el campo popular, lo que solo producirá más desgarramientos y exacerbaciones. Lo cual es funcional al enemigo y, por eso mismo, un grave error de apreciación. El grave riesgo de simplificar la realidad.